Hay muchas actividades que desempeñamos en nuestro día a día y que no tenemos la remota idea de que están afectando a nuestra salud, algunas potenciándola y otras, incrementando las posibilidades de afecciones futuras. Pero el caso de leer y escribir es uno de relevancia, ya que este pequeño e inadvertido hábito puede ser el mayor protector contra la demencia.
Fuerza muscular y longevidad: un estudio revela por qué es clave para la salud de las mujeres mayoresLos investigadores del Centro Médico de la Universidad Rush en Chicago, hallaron un resultado asombroso: las posibilidades de padecer Alzheimer, la forma más común de demencia y una de las mayores amenazas para la salud mundial, se habían reducido en un 40% en quienes practicaban actividades intelectualmente estimulantes.
La demencia, que se prevé en las estadísticas que supere los 150 millones a nivel mundial en 20250, representando una amenaza grave para los venideros sistemas de salud y asistencia social, podría prevenirse de una forma económica y sencilla a edades más tempranas. Leer, escribir o aprender un nuevo idioma estaría asociado a un menor riesgo de Alzheimer.
La importancia del aprendizaje a lo largo de la vida
Andrea Zammit, autora del estudio, señaló que el descubrimiento sugiere que la salud cognitiva en la edad adulta está "fuertemente influenciada" por la exposición durante toda la existencia a entornos intelectualmente estimulantes. "Nuestros hallazgos son alentadores, ya que sugieren que participar de forma constante en diversas actividades que estimulen la mente a lo largo de la vida puede marcar la diferencia en la cognición", explicó la especialista.
¿Cómo se llevó a cabo el estudio?
Los investigadores realizaron un monitoreo a 1939 personas con una edad promedio de 80 años que no presentaban demencia al inicio del estudio. Se les realizó un seguimiento promedio de ocho años. Los participantes completaron encuestas sobre actividades cognitivas y recursos de aprendizaje durante tres etapas.
Las etapas de la vida y la influencia de las actividades intelectuales
El enriquecimiento temprano, antes de los 18 años, incluía la frecuencia con la que se les leía y tenían acceso a libros, el ingreso a periódicos y atlas en el hogar y el aprendizaje de un idioma extranjero durante más de cinco años.
El fomento en la mediana edad incluía el nivel de ingresos a los 40 años, los recursos del hogar como suscripciones a revistas, diccionarios y tarjetas de biblioteca, y la frecuencia de actividades como visitar un museo o una biblioteca. Mientras que el cultivo intelectual en la tercera edad, a partir de una edad promedio de 80 años, incluía la frecuencia de lectura, escritura y juegos, y los ingresos totales provenientes de la seguridad social, la jubilación y otras fuentes.
En total, 551 participantes desarrollaron la enfermedad de Alzheimer y 719 desarrollaron deterioro cognitivo leve (DCL) durante el estudio, que se publicó en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología.
Resultados sobre el deterioro cognitivo
Los investigadores compararon a quienes presentaban el mayor nivel de nutrición cognitiva (el 10% superior) con quienes presentaban el nivel más bajo (el 10% inferior). Entre quienes presentaban el nivel más alto, el 21% desarrolló Alzheimer, mientras que en el grupo de nivel más bajo, la cifra fue del 34%.
Después de ajustar factores como la edad, el sexo y la educación, los investigadores encontraron que las puntuaciones más altas en fortalecimiento de la vida estaban asociadas con un riesgo 38% menor de enfermedad de Alzheimer y un riesgo 36% menor de deterioro cognitivo leve (DCL).
Longevidad mental y reserva cognitiva
Las personas con el mayor estímulo intelectual a lo largo de su trayectoria desarrollaron la enfermedad de Alzheimer a una edad promedio de 94 años, en comparación con los 88 años de quienes tenían el nivel más bajo de desarrollo, es decir, un retraso de más de cinco años.
Los investigadores descubrieron que las personas con el mayor enriquecimiento a lo largo de su vida desarrollaron deterioro cognitivo leve a una edad promedio de 85 años, en comparación con los 78 años de quienes tenían el nivel más bajo, un retraso de siete años. También analizaron a los participantes que fallecieron durante el estudio y se les realizó una autopsia. El estudio halló que quienes tenían un mayor desarrollo vital tenían mejor memoria y habilidades de pensamiento, así como un deterioro más lento antes de morir.